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Tres años del aborto electoral del 2020

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Se oscureció la democracia el domingo 16 de febrero de 2020, hace exactamente tres años. Sucedió ese día que se suspendieron las elecciones municipales unas horas después de haber comenzado.

Fue el primer aborto electoral de la historia dominicana, y ocurrió justo con las primeras elecciones municipales que se celebraban el tercer domingo de febrero, separadas de las elecciones presidenciales y congresuales de mayo. Estos comicios de mayo, por cierto, fueron pospuestos también, aunque por otras razones. Fue un año infeliz e ingrato.

La causa del aborto electoral de febrero fue un inesperado y fulminante fallo en el sistema informático de las máquinas de votación. El software sufrió un infarto técnico y colapsó en el momento menos esperado. Algunos candidatos no aparecían, otros estaban fuera de su casilla. Se derrumbó el voto automatizado en los municipios que estrenaban esa modalidad de sufragio. Así, el caos forzó la suspensión de los comicios. Por el contrario, el voto clásico manual estuvo normal: no mostró inconveniente alguno. Sin embargo, el derrumbe técnico provocó el aborto de todo el torneo electoral. El voto sofisticado no pasó la prueba: se quemó el mismo día de su pomposo estreno, echando por la borda millones de pesos.

Como siempre sucede en casos semejantes, se emprendió una profunda investigación para tratar de resolver el enigma abortivo, pero todavía tres años después de ocurrida la tragedia electoral, no se sabe de culpables. Pareciera que una mano invisible y fantasmal provocó el caos, pero no se puede descubrir de quién -o de qué- se trata.

No faltaron los escarceos tras bastidores. Una mala pisada podría terminar en una tragedia mayor. Había que pisar fino, tener cabeza fría en momentos tan candentes. El entonces presidente de la Junta Central Electoral, Julio César Castaños Guzmán, llamó a los líderes políticos y les explicó la situación, diciendo que la suspensión era irremediable.

Fueron tantos los comentarios que República Dominicana se colocó en el cristal del mundo. El país era el hazmerreír de la bolita del mundo. La ridiculez nacional alcanzó categoría mundial, difundida por las inquietantes alas de la tecnología, esa misma que falló en la premier electoral.

Las presiones subieron de temperatura, disparadas por la indignación ciudadana, y se tornaron casi incontrolables. Roberto Saladín Selin, titular de la Junta con experiencia electoral -había sido aspirante presidencial en 1990-, renunció solo para arrepentirse unos instantes después. Bastó un parpadeo para que se devolviera. El arrepentimiento fue tan rápido como la misma renuncia. El hombre produjo un fugaz episodio que quedará grabado en la singular historia electoral del país.

Al final, las suspendidas elecciones se realizaron el domingo 15 de marzo, un mes después de la tragedia de febrero.

Los compromisos electorales de mayo fueron también suspendidos, pero se debió a un monstruo infeccioso: el llamado covid-19. Se celebraron el 5 de julio y arrojaron un gran cambio nacional. El PLD perdió su trono político-electoral y el país inauguró un nuevo régimen, blanco y azulado, con el jacho convertido en un dedo triunfante. Esa noche renació la democracia oscurecida de febrero. Las sombras dieron paso a un nuevo amanecer.-

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