Por: Flavio Holguín
El mayor anhelo existencial de todo ser humano, una vez sumergido bajo el agua, cuando el tiempo se agota y los pulmones están a punto de colapsar, es sólo uno: respirar.
Respirar es vida y gobernar para un pueblo, debería ser exactamente eso; dar oxígeno, estabilidad y proveer un futuro esperanzador a todo un pueblo.
Pero cuando las administraciones fallan de manera reiterada, lo que se impone no es el aire, sino la asfixia y el suicidio colectivo.
En la República Dominicana, tras el prolongado y nefasto régimen de los 12 años del balaguerismo, emergió en nuestra Nación, un anhelo y una necesidad histórica e impostergable de cerrar ese ciclo autoritario del balaguerismo, para darle paso a un gobierno verdaderamente democrático, que restaurara la libertad pública, la dignidad humana y el respeto institucional.
Ese anhelo y esperanza fue depositado en Don Antonio Guzmán Fernández, durante el período (1978–1982).
Las expectativas del pueblo dominicano fueron inmensas; pero el resultado fue devastador.
Aquella administración terminó siendo un profundo engaño nacional, no solo por su incapacidad para gobernar, sino porque la corrupción los arropó y porque ni siquiera tenían un norte gubernamental que seguir.
Las denuncias de corrupción emergieron de sus propias entrañas y fueron encabezadas por una facción interna de su propio partido, liderada por Salvador Jorge Blanco, quien desnudó y sacó a la luz una serie de peculado perpetrado en las empresas CORDE y por la hija y el yerno de Guzmán.
De manera que la gestión estuvo marcada por la malversación y el desorden administrativo.
Estos severos escándalos de corrupción llevaron al suicidio a Guzmán Fernández.
Si decepcionante fue la administración de Guzmán Fernández, peor aún fue el gobierno de Salvador Jorge Blanco, en el período (1982–1986).
Durante su mandato, la economía fue sometida a una de las peores crisis de la historia con la
devaluación brutal del peso frente al dólar, que se cotizó de tres pesos a diecisiete por un dólar. Esto provocó un alto índice inflacionario y un empobrecimiento acelerado de la población, así como un estallido de una poblada social que dejó más de 240 muertos.
Salieron a la luz escándalos de corrupción de proporciones históricas.
El nivel de deterioro fue tal que el PRD perdió el poder de forma estrepitosa y los funcionarios huyeron en desbandada.
En aquel momento el país estaba exhausto y volvió a recurrir a Joaquín Balaguer, quien gobernó la República Dominicana por diez años más y sometió a la justicia a varios exfuncionarios, incluyendo al propio Salvador Jorge Blanco, el cuál ha sido el único presidente de nuestra historia condenado a 20 años de prisión por delitos de corrupción.
En el año 2000 retornó al poder el PRD, impulsado por un clima emocional y compasivo, marcado por la muerte del Secretario General histórico de su partido, José Francisco Peña Gómez.
En las elecciones presidenciales del 2000, el pueblo decidió votar por Hipólito Mejía, quién inició su gestión sobre la base de un populismo desbordado y la ausencia clara de un real programa de gobierno.
Como siempre, llegó la debacle, haciendo colapsar el sistema financiero, mediante el cual se estableció la quiebra de bancos fundamentales. Hubo un súbito ascenso del dólar y una inflación descontrolada, a tal grado que el peso se colocó a 57.00 pesos frente a un dólar.
Hipólito Mejía tuvo un desempeño horrendo, lo que favoreció el retorno del PLD y el Dr Leonel Fernández, el cuál estabilizó la moneda creando un clima de confianza para la inversión y un crecimiento macro económico sostenido.
Las diferencias personales de Danilo Medina con Leonel Fernández y la imposición de su candidato presidencial, en las primarias internas, agregado a la corrupción rampante, así como la impunidad reinante, llevada a cabo por sus familiares y por los diversos miembros de su facción, terminaron agotando y fracturando el proyecto peledeista, abriendo paso al PRM, partido mutante y heredero directo del otrora PRD.
Danilo Medina y el modelo del PLD descendió a niveles muy bajos de popularidad y el pueblo inició un proceso de repulsa y abominación, y aún así, para sacar del poder a Danilo Medina, Luis Abinader tuvo que emplearse a fondo para comprar las elecciones Municipales y Nacionales en el proceso electoral más costoso de toda la historia de nuestra vida republicana.
Las incontables solicitudes de extradiciones que ha realizado el departamento de Estado Norteamericano han puesto en contexto que el dinero para la compra de las elecciones, no simplemente del 2020; sino también las del 2024, fueron de las danzas de millones de dólares provenientes del narcotráfico, y ese rol es IMPOSIBLE DE IGNORAR.
En la actual administración de Luis Abinader ha ocurrido lo previsible, que el pueblo identificara en estos 5 años las poses y las simulaciones del PRM. Se mostraron de cuerpo entero y de forma natural, como si se tratara de un guión genético inalterable, el PRM ha replicado las mismas prácticas, los mismos vicios y la misma incapacidad estructural del PRD.
Es imperativo señalar que el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido Revolucionario Moderno (PRM) provienen de la misma matriz, la que genéticamente está dañada y todo cuanto se conciba a nivel de genotipo y fenotipo, será un adefesio, caracterizado por el fracaso y la decepción sistémica Nacional.
Como se diría en el lenguaje semántico y depurado en medicina: Presentan una condición patognomónica; es decir, con los signos y síntomas que los caracterizan (caos, anarquía y retroceso).
El resultado del actual gobierno ha sido una de las mayores estafas políticas y administrativas de la historia reciente, caracterizada por un colosal endeudamiento y por el saqueo descarado y criminal de los recursos públicos.
Cada vez que le ha correspondido gobernar, al PRD y al PRM han hecho retroceder y empobrecer la Nación.
Sólo saben llegar al estado para enriquecerse y saquearlo.
Históricamente NO han sido un accidente de la naturaleza, ni errores aislados, han mantenido una conducta recurrente de depredación sistemática, desorden administrativo y de endeudamiento colosal.
La República Dominicana no puede seguir conteniendo la
respiración mientras estos proyectos fallidos y dirigidos por facinerosos administran el destino de la Nación.
Cuando un pueblo permanece demasiado tiempo bajo el agua, deja de pensar en desarrollo, en progreso o en sueños colectivos. Ese pueblo sólo luchará para no morir asfixiado. Exactamente eso es lo que ha provocado este gobierno recurrente: asfixia moral, económica e institucional.
Existe un dicho oriental que dice: » Los juicios más severos SIEMPRE serán recordados por nosotros mismos. «
Y la historia es implacable, los pueblos que despiertan, bajo el látigo incesante de su verdugo, jamás vuelven a ser golpeados y gobernados por quienes los torturan, los asfixian y le arrebatan su dignidad.
El maleficio del gen anómalo del PRM está llegando a su fin.
El mañana pronto estará aquí, para sepultar de una vez y por todas a esa execrable rémora que nos sofoca.
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