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FRANKLIN ALMEYDA RANCIER: LA INTEGRIDAD, LA LEALTAD Y EL VALOR DE LA POLÍTICA CON PRINCIPIOS

Hoy, cuando nuestro entrañable amigo y compañero, el Dr. Franklin Almeyda Rancier estaría cumpliendo 85 años de edad, su recuerdo nos convoca no solamente a honrar su memoria, sino también a reflexionar profundamente sobre la calidad humana, ética e institucional que necesita el Sistema de Partidos Políticos de la República Dominicana.

Franklin fue un ser humano auténtico,
sin poses ni simulaciones; un hombre de carácter firme, pensamiento independiente, palabra frontal y extraordinaria nobleza.
Su honestidad, su sólida formación intelectual y su permanente disposición a compartir conocimientos constituyeron virtudes que lo distinguieron. Nunca hizo de su inteligencia un instrumento de superioridad sobre los demás, sino una oportunidad para enseñar, orientar, construir y contribuir al crecimiento colectivo.

Su partida dejó un vacío que trasciende lo afectivo y alcanza una dimensión profundamente política e institucional.
Franklin comprendía que dirigir no consistía únicamente en ejercer autoridad, sino también en saber escuchar, conciliar diferencias, enfrentar las intrigas y resolver conflictos sin renunciar a los principios. Tenía el coraje de confrontar las conductas perversas, las deslealtades, las manipulaciones y las prácticas divisionistas que, lamentablemente, encuentran espacios dentro de las organizaciones políticas y, en ocasiones, alrededor de sus principales dirigentes.

Y es precisamente aquí donde su legado adquiere una vigencia extraordinaria. El Sistema de Partidos dominicano necesita fortalecer una cultura política donde la lealtad no sea confundida con la adulación, la discrepancia con la traición, ni la cercanía al liderazgo con una licencia para desacreditar a los demás. Ninguna organización política puede desarrollar plenamente su vocación democrática cuando permite que el rumor sustituya a la verdad, que las intrigas desplacen al mérito o que los intereses particulares prevalezcan sobre los compromisos colectivos.

Los partidos políticos tienen la responsabilidad histórica de formar ciudadanos, promover liderazgos, construir consensos y servir de instrumentos para el fortalecimiento de la democracia. Para cumplir esa misión necesitan institucionalidad, disciplina consciente, debate respetuoso, transparencia y mecanismos eficaces para la solución de sus conflictos internos. La verdadera fortaleza de un partido no se mide solamente por su capacidad de conquistar el poder, sino también por su madurez para administrarlo, ejercerlo y preservar sus principios.

Franklin Almeyda Rancier al igual que nuestro inolvidable hermano Domingo Jiménez pertenece a esa generación de compañeros cuya ausencia se siente especialmente cuando las circunstancias demandan carácter, sensatez, firmeza y capacidad de orientación. Ambos nos hacen mucha, pero mucha falta. No solamente por los afectos que sembraron, sino por el ejemplo de compromiso y por las enseñanzas que dejaron para quienes entendemos que la política debe ser, ante todo, una actividad de servicio, responsabilidad y dignidad.

Honrar a Franklin no debe limitarse a recordar sus virtudes; debe significar también asumir el compromiso de combatir las prácticas que debilitan la confianza, fracturan la unidad y empobrecen el ejercicio de la política. Porque las organizaciones no se engrandecen silenciando las diferencias, sino aprendiendo a procesarlas con inteligencia, justicia, respeto y sentido institucional.

Hoy evocamos con gratitud su memoria y reivindicamos una enseñanza que considero fundamental: la política necesita menos intrigas y más ideas; menos aduladores y más compañeros sinceros; menos intereses personales y más compromiso con la Nación.

¡Honor a tu memoria, querido Franklin Almeyda Rancier!

Siempre PUENTE, Nunca MURO

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